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HISTORIA


LOS MERCENARIOS Y ALIADOS HISPANOS DE ANÍBAL

SOLDADOS HISPANOS

Polibio nos describe la indumentaria que vestían los hispanos, parece que en general, poco antes de la batalla de Cannas.

Durante todo el transcurso de la contienda fueron decenas de miles los hispanos que sirvieron bajo las banderas de Carthago, sin el concurso de estos no cabe duda que no hubiese ni comenzado la II Guerra Púnica. Aníbal sabia que clase de tropas tenía bajo su mando, no en vano hizo allí sus primeras armas siendo la península el lugar en donde hizo su aprendizaje militar. Bien mandadas y dispuestas lejos de sus lugares de origen, se convertían en excelentes guerreros a la altura de los mejores del momento. Seguramente superados por los legionarios en el combate cerrado eran sin embargo superiores en los otros géneros de lucha, como la escaramuza o el combate en terrenos irregulares. El general cartaginés, soberbio táctico, sabía sacar de cada una de las formas de lucha de sus diferentes tropas el mejor rendimiento posible, en Italia nunca dejo de desaprovechar las singulares características de cada uno de sus diferentes cuerpos de ejército. A continuación veremos los tipos de tropa peninsulares que conocemos, con todos los datos posibles que podemos recabar.

Lástima que durante el relato de la guerra, los historiadores antiguos generalizasen siempre y generalmente apareciesen como hispanos todos los originarios de la península ibérica

LOS CELTÍBEROS

Reconocidos como los mejores guerreros peninsulares, releemos lo escrito por Silio Itálico en Púnicas:

Vinieron también los celtas asociados en el nombre de los iberos. Honor es para ellos caer en la pelea, pero creen execrable incinerar el cadáver. Creen que el cuerpo ira al cielo con los dioses si es pasto de los buitres.

Los celtíberos suministran para la lucha no solo excelentes jinetes, si no también infantes, que destacan por su valor y capacidad de sufrimiento. Están vestidos ásperas capas negras cuya lana recuerda al fieltro, en cuanto a las armas, algunos de ellos llevan escudos ligeros, similares a los de los celtas, y otros, grandes escudos redondos del tamaño del aspis griego. En sus piernas y espinillas trenzan bandas de pelo y cubren sus cabezas con cascos broncíneos, adornados con rojas cimeras, llevan también espadas de doble filo forjadas con excelente acero, y puñales de una cuarta de largo para el combate cuerpo a cuerpo.

De la terrible eficacia de estos soldados tres muestras:

Los dos Escipiones decidieron contratar los servicios de 20.000 celtíberos antes de que fuesen los cartagineses quien se hiciesen con ellos, fue la primera vez que tropas mercenarias sirvieron abiertamente con ejércitos de la república romana.

Cuando Carthago estaba siendo atacada directamente por Escipión el Africano, desesperanzada por las recientes derrotas ante el general cartaginés, volvió a coger energías e intentar un nuevo encuentro en el campo de batalla cuando sus agentes trajeron de Hispania un contingente de 4.000 celtíberos de infantería pesada, era tal su calidad y fuerza que los cartagineses entusiasmados se aprestaron de nuevo al combate, finalmente y tras ser derrotados humillantemente por los romanos pudieron huir los púnicos mientras los celtíberos quedaban en el campo de batalla combatiendo solos hasta el último hombre.

Durante la gran rebelión en Hispania contra Roma (197/194 a.C.) se encontraron el ejercito romano y el ejercito de los túrdulos, con estos un contingente de 10.000 celtíberos, los romanos hicieron todo lo posible para no enfrentarse a los celtíberos, prometiéndoles incluso el doble de la paga que recibirían de los túrdulos, cosa que estos rechazaron.

  LOS LUSITANOS

Otro belicoso pueblo que aporto un gran porcentaje de tropas mercenarias fue el de los lusitanos, a los que Silio Itálico llama tropa terrible.

Tenemos de Estabón estas líneas:

Se dice que los lusitanos, que son hábiles en las emboscadas y exploraciones, ágiles y ligeros son capaces de salir de los peligros. Dicen que usan una pequeña rodela que tiene un diámetro de dos pies y es cóncava por delante, y se maneja por correas, no teniendo ni abrazaderas ni asa (la caetra). Además, llevan puñal y espada corta. La mayor parte llevan corazas de lino, solo unos pocos llevan corazas de malla y casco de tres penachos, los demás usan casco de cuero. Los infantes usan también grebas y cada uno lleva varias jabalinas. Algunos llevan lanzas para estoque con puntas de bronce.

Cuando Aníbal (según Livio) se dirige a sus tropas una vez que estas avistan desde los Alpes Italia, las arenga con estas palabras:

Hasta ahora, cuidando vuestros ganados por los vastos montes de Lusitania y de Celtiberia, no habéis logrado ver el fruto de tantas fatigas y peligros. Ya es hora de que recibáis vuestra recompensa y logréis el premio de vuestros esfuerzos, vosotros, que habéis recorrido tan largos caminos por tantos montes y tantos ríos, y a través de tantas naciones en armas...

LOS IBEROS

Divididos entre numerosas tribus o naciones encontramos, militarmente hablando, grandes diferencias entre ellos. Para empezar estaban los turdetanos, numerosos y siempre dispuestos a militar en los diferentes ejércitos púnicos, pero al mismo tiempo los menos capacitados para la guerra y por ello menospreciados tanto por los cartagineses como por los romanos. Su armamento constaba de dos lanzas, una ligera y otra pesada, además de una falcata. El escudo con que se defendían era grande y pesado, modelo evolucionado del celta.

Encontramos ahora a los túrdulos, vecinos de los turdetanos pero mejores guerreros y por ello sabemos que más temidos por los romanos.

Los oretanos, de los que no se tienen muchos datos aunque si se sabe que Aníbal eligió para contraer matrimonio a una joven de esa nacionalidad, Himilce, de Cástulo, la hija del regulo de esa ciudad, por lo que el poder o influencia de estos debió ser relativamente importante. Muchos guerreros de militarían luego en las filas del ejército del general púnico.

Los carpetanos, pueblo poderoso, poco tiempo después de los hechos que aquí se relatan extendería su poder e influencia abarcando hasta 18 ciudades. Aníbal, en su segunda gran campaña en Hispania, evito el choque con esta nación.

Sobre los ilergetes ya está todo dicho, los más leales a los cartagineses cuando fueron tratados como aliados y amigos, los encontramos durante toda la campaña de Hispania con uno u otro bando.

Sabemos que de otras tribus, como los tartesos del bajo Guadalquivir, los mastienos y olcades, se enrolaban mercenarios. De estas nacionalidades era gran parte de la infantería ligera que Aníbal envió a África poco antes del comienzo de la II Guerra Púnica.

OTROS HISPANOS

Se sabe que durante la campaña de Aníbal contra los vacceos, encontró y seguramente recluto a multitud de mercenarios cántabros y, por ejemplo, galaicos. Estos, los galaicos, cuenta Silio Itálico como entraban en combate, cantando himnos terribles y haciendo entrechocar los resonantes escudos a un ritmo determinado al tiempo que avanzaban golpeando el suelo con golpes alternados de pie. Sabemos también de Vettones de vascones y de astures, los cántabros, de quienes dice que sentaron plaza como los primeros mercenarios, les da el nombre de caetrata iuventus. Los describe como valientes, fieros y tenaces. Eran tan renombrados estos guerreros que Silio Itálico los pone como representantes de los ejércitos hispánicos como los libios eran de los africanos. Armado con varias jabalinas de hierro (solferrum) y con una espada recta y un cuchillo curvo adherido a la propia vaina de la espada. Lleva un pequeño escudo curvo (caetra) y recubriendo la cabeza un casco que posiblemente sea de cuero.

Los baleáricos, uno de los cuerpos de mercenarios más famosos de esta guerra junto con los númidas, eran extraordinarios como honderos, hasta el punto que eran preferidos a los arqueros. Estrabón nos los describe de esta manera: En el combate se presentan sin ceñir, teniendo el escudo de piel de cabra en una mano y en la otra una jabalina endurecida al fuego, raras veces una lanza provista de una punta de hierro. Alrededor de la cabeza llevaban tres hondas de junco negro, de cerdas o nervios, una larga para los tiros largos, otra corta para los cortos y otra mediana para los intermedios. Fundación de la Tropa Esta tropa carthaginesa fue fundada en 1.992, año III de las Fiestas. Representan a las tribus celtíberas ulteriores procedentes de Lobetania, cuya capital era Lobetum, la cual estaba situada en el sureste de la actual sierra de Albarracín, (Cuenca). Los historiadores nos relatan la subdivisión de pueblos que pertenecían a las tribus celtíberas ulteriores (los más alejados de Roma), siendo las siguientes:

- Olcades.  Vivían en tierras de Cuenca, hasta la vista de La Mancha.

- Turboletas.  Vivían en Teruel.

- Arévacos.  Vivían en el Alto Duero, avanzando como en cuña, por las comarcas de Atienza y Sigüenza, en dirección a Hita.

- Pelendones.  La delimitación de esta tribu es muy difícil ya que su territorio se confunde con el de los Arévacos, los cuales pudieron reducir a los Palendones a la montaña (sierras riojanas, burgalesas y sorianas) mientras ellos labraban las tierras más bajas.

- Lobetanos.  Que son la tropa que nos ocupa, siendo Celtas del viejo tronco de "Bebrices o Beribraces". Eran pueblos guerreros que vivían de la caza y se vestían con pieles que ellos mismos curtían. Entraron a formar parte de las tropas mercenarias que Aníbal fue contratando en su marcha hacia Roma. A cambio de los servicios recibían el pago pactado en plata, procedente de las explotaciones mineras del "Cabezo Rajao", en Qart-Hadast, cuyo filón de galena argentífera afloraba al exterior. En su símbolo representan a la diosa Astarté en la figura del "domador de caballos", que a su vez era representativa del jefe del clan o de la tribu, también tienen la figura del lobo, el cual lo llevan en sus escudos hasta el punto que la puerta de su campamento está custodiada por dos enormes lobos tallados en piedra. Estos festeros han querido buscar sus raíces históricas en los lugares donde se asentaron las primitivas tribus, para ello hicieron un viaje cultural, en el año 1.998, a las altas tierras de Albarracín donde encontraron sus orígenes, estableciendo lazos de historia y amistad con aquellos pueblos. Los actos de campamento que celebran son: Noche de Plenilunio, Noche de Lobos e Invocación a la Diosa Astarté.

 

 

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